La ciudad

Dijiste: "iré a otra tierra, iré a otros mares.
Encontraré otra ciudad mejor que esta.
Todos mis esfuerzos los condena la suerte y
está mi corazón-como un cadáver- sepultado.
¿Hasta cuándo seguiré en esta tierra baldía?
Donde vuelvo mis ojos, donde quiera que miro
veo las negras ruinas de mi vida, aquí
donde gasté tantos años destruyendo y perdiendo".

No encontarás otra tierra, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Errarás por identicas calles.
Envejecerás en el mismo vecindario
y encaneceras entre estas mismas casas.
Siempre llegarás a esta ciudad. No esperes otra.
No hay nave para ti y tampoco hay camino.
Así como destruiste tu vida en este pequeño recodo,
también las has arruinado en el universo entero.

Constantino Cavafis


miércoles, 29 de julio de 2009

Botando corriente en el asfalto: ideas para un taller.

Globalización económica por un lado, mundialización de la cultura por el otro. Dos paradigmas del siglo XXI ante las cuales surge la pregunta: ¿Cómo percibimos la ciudad?


Reconocer, ser reconocido y reconocerse en medio de millones de seres anónimos, convierten a las grandes ciudades en espacios para la soledad colectiva. Los adelantos tecnológicos- con internet a la cabeza- crean una ilusión de ruptura de distancias y fronteras. Miles de sonidos e imágenes cruzan el espacio, pasan por nuestros sentidos y quedan anclados en la memoria. De ahí que no sea extraño encontrar significados de símbolos compartidos a lo largo y ancho de nuestro planeta; hecho que ya no es exclusivo de la juventud. Inclusive los adultos formamos parte del nuevo territorio en el que hasta el tiempo pareciera transcurrir de forma distinta. Es evidente que Bogotá ha cambiado en los últimos veinte años. Quizás la novedad que en materia política se dio en 1986 con la elección popular de alcaldes, haya contribuido a acelerar dicha transformación. Y en ese proceso no sólo el desarrollo físico de la capital ha sido su característica; junto a este aspecto hay que analizar la apropiación, el sentido de pertenencia, por parte de sus habitantes. De igual manera es necesario revisar otros fenómenos sociales que integran definitivamente la cotidianidad de Bogotá; me refiero, por ejemplo, a la violencia y a una de sus lamentables consecuencias: el desplazamiento forzado.



Y surge nuevamente la pregunta: ¿cómo percibimos la ciudad?


“-Soñé con Bogotá dijo; -yo en cambio, tuve una pesadilla con Bogotá, le respondió.- ¿Acaso no soñaste con esta ciudad de ladrillos rojos en medio de la sabana, junto a los cerros?, insistió él. –Con esa misma, le contestó y añadió con tristeza: -era una ciudad sin costa, sin puerto ni barcos que llegan de todas partes del mundo… La diferencia entre la ciudad soñada y una pesadilla urbana es casi imperceptible, quizás no se nota en el relato, ni en las imágenes, ni en la ciudad que se describe. Está en los anhelos de cada uno y en los deseos que la ciudad pueda satisfacer”*


Sueños y pesadillas, fragmentos de una ciudad por descubrir. Jamás terminaríamos de elaborar una cartografía-un recorrido certero- de aquellos lugares que son parte de nuestra sensibilidad. En ese orden de ideas habría que reflexionar acerca de lo que esperamos, imaginamos y vivimos en Bogotá.


Múltiples lecturas existen de la ciudad. La mayoría nos llegan a través de los medios masivos de comunicación, otras desde el arte (literatura, pintura, cine, música) y finalmente las que nacen de las personas del común, es decir, de quienes tejen la historia de Bogotá en el día a día. Estas últimas-vaya paradoja- son voces sin mayores posibilidades de hacerse escuchar.


*Reflejos, fantasmas, desarraigos. Bogotá recorrida. Arango Editores. Instituto Distrital de Cultura y Turismo. Fantasmas, pesadilla urbana. Pág 45 Santafé de Bogotá 1999.